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LIBREPENSAMIENTO REVOLUCIONARIO

La libertad es una eterna paradoja: a la vez es y no es. Es que no hay libertad más allá de la libertad. La libertad como tal no existe y a la vez lo abarca todo aunque sea como un fantasma. Si existiera como un absoluto el mundo no se sostendría de ninguna forma: por un lado todo debería estar quieto, como interrumpido, al no existir las decisiones, ni las acciones, ya que éstas te obligan a un compromiso y a una responsabilidad; por otro es muy probable que hubiera un absoluto caos, pues todo el mundo haría lo que quisiera sin ser responsable de lo que hace. Pero es que encima la ausencia de libertad no garantizaría que esos dos supuestos no se dieran. Es entonces el compromiso, y no la libertad, lo que hace del mundo un algo posible, vivible y a la vez, paradójicamente, libre. Pero libre parcialmente, pues un trozo de libertad no es toda la libertad, y nadie puede conseguir toda la libertad. Pero un compromiso si puede ser pleno, pues para ello se requiere de un acto libre: renunciar a la libertad. Ser libre es participar de su inexistencia. La libertad es un algo ilusorio entonces, la más bella de las fantasías, pues al final prevalece el compromiso.

El librepensamiento fue uno de los ejes principales de El Mundo de Daorino y lo seguirá siendo en este nuevo proyecto. El librepensador es un ser cuya libertad de pensar no viene impuesta por nadie. No necesita la democracia ni sistemas libertarios para pensar libremente. Pensar libremente es una actitud que el propio sujeto adopta por sí mismo, una actitud desafiante que no es gracias al derecho, sino propiciado imperativamente por su propia capacidad. Por ello, en su día, definí el librepensamiento de esta forma: "pensar sin miedo con toda la libertad que sólo uno es capaz de darse". Y esa libertad no te la quitan unas cadenas, ni unas rejas, ni la censura dictatorial, ya sea la dictadura de carácter democrático, fascista u otro signo. Esa libertad sólo te la puede quitar el miedo, el miedo a tus enemigos, el miedo a perderlo todo. Ser libre o no es una decisión que sólo tú puedes tomar, y una vez tomada verás que no hay libertad, pues habrás adoptado el mayor de los compromisos contigo mismo.

¿Y por qué revolucionario? Porque persigo la trasformación radical de la sociedad, por muy idílico y utópico que suene. Persigo la transformación de la masa informe en personas soberanas. La transformación social radical es convertir una masa aborregada en personas que individualmente tengan un criterio propio. Es decir, hacer del librepensamiento una costumbre. Esto conlleva un serio esfuerzo metapolítico. No obstante, bien sé que tal cosa es imposible en el panorama actual, mas observando cómo devienen los acontecimientos y la naturaleza de los esclavos que obedecen a los amos de nuestra democracia y sistema plutocrático. Por ello, tal consumación sólo está al alcance de un puñado de individuos.

He de remarcar que el librepensamiento no es propiedad de nadie. Librepensadores no son sólo los nacional revolucionarios, o los ateos, o los liberales... Ser librepensador no es una etiqueta que pertenezca a un grupo concreto, ¡no es una etiqueta!, sino una actitud. Y subrayemos lo de actitud, por lo que a nadie le es lícito ir de librepensador, o lo es o no lo es.

Parto de la idea de que una sociedad de individuos soberanos será constituyente de un pueblo soberano. Idea rebatible y matizable, al ser consciente yo mismo de lo que supondría tal hecho y lo cerca que está el «ser» soberano con el pensar sólo en sí mismo, adquiriendo el compromiso con todo aquello que es perteneciente al propio yo y nada más, y despojándose soberanamente de toda responsabilidad de las consecuencias que sus acciones pudieran tener sobre los demás, sobre todo si éstas son perniciosas.■