Este texto no va dirigido a esos otros
que van de revolucionarios y de rebeldes.
que van de revolucionarios y de rebeldes.

La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres y mujeres dispuestos a perderlo todo por nada... o por todo. Y es muy probable que a ella se unan hombres y mujeres que no tengan nada que perder. La harán hombres dispuestos a tomar decisiones valientes y a veces dolorosas, hombres decididos a conseguir aquello por lo que luchan sin piedad, con constancia y tesón. La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres nobles, hombres leales, hombres obedientes a su voluntad, hombres radicales que no dejen lugar a la duda y a sus posibilidades, hombres transparentes, pero sobre todo hombres honrados, hombres incorruptibles, hombres que sean una superación de sí mismos en cada momento, hombres que sepan ser compañeros, hombres que sepan de la unidad y conozcan al enemigo, y una vez conocido éste sepan tratarlo como se merece.
Y entre los nacionalistas, dispuestos a tales sacrificios... ¿dónde? Por lo que afirmo que los revolucionarios no existen y que el futuro se muestra en el mismo plano de existencia revolucionaria, al menos para nosotros (yo y mis iguales), que poco podemos hacer... que vivimos como si no existiéramos. Pocos en número, es escasa la fuerza; escasa la fuerza, es imposible cualquier pretensión. En el futuro atomizado, en el futuro desnacionalizado, ¡nuestro presente!, hemos los individuos vivir lo más consecuentemente con nosotros mismos. La revolución consistirá en resistir a cada golpe que recibamos del sistema, permanecer puros en lo único que nos puede pertenecer: ser nosotros mismos. Quizá gota a gota pueda llenarse un vaso... y ese quizá deja a la vista que también soy un hombre con esperanza, muy a mi pesar, muy a mi pesar...
Y es muy posible que muchos esperen a que se les quite todo para ser revolucionarios de verdad, es decir, de acción. Muchos se harán revolucionarios una vez no tengan nada. Si son necesarios tiempos de escasez, si son necesarios más tiempos malos hasta la maldad para que la gente despierte, que así sea. Y bien, ya peco de esperanza de nuevo, pues pensar en un despertar revolucionario es mucho esperar de algo que no tiene su origen en nuestra propia voluntad, un hombre solo.
Ser nacional revolucionario no es ninguna etiqueta, no es una marca que deba vivir con uno siempre, es algo circunstancial. El final de esa circunstancia será consecuencia del triunfo de la revolución.
Ser nacional revolucionario no es ninguna etiqueta, no es una marca que deba vivir con uno siempre, es algo circunstancial. El final de esa circunstancia será consecuencia del triunfo de la revolución.